12 Dec 2017

Invertebrados del suelo, “auténticos ingenieros” del ecosistema, evitan el uso de agroquímicos en huertos

Degradan la materia orgánica y con ello nutren cultivos y mejoran la fertilidad de la tierra; además de mantener un equilibrio ecológico que impide la invasión de plagas. La contribución de los huertos familiares en la

Degradan la materia orgánica y con ello nutren cultivos y mejoran la fertilidad de la tierra; además de mantener un equilibrio ecológico que impide la invasión de plagas.

La contribución de los huertos familiares en la preservación de la biodiversidad, la economía familiar y la salud humana motivó a un grupo multidisciplinario del Colegio de la Frontera Sur (Ecosur) a trabajar en un proyecto en Tabasco, cuyo objetivo fue mejorar el manejo productivo y ambiental de dichos plantíos.

Si bien la investigación se realizó desde diferentes vertientes, destaca la realizada por la doctora Esperanza Huerta Lwanga, quien se enfocó en el estudio de los invertebrados del suelo debido a que son indicadores de la calidad de este último.

“Lo anterior se debe a que dichos organismos cumplen con diversas funciones, como permitir el ingreso a la tierra de materia orgánica procesada que nutre los cultivos, como hojas, madera, troncos y ramas; mantener un equilibrio ecológico capaz de impedir la invasión de plagas y brindar una mayor fertilidad sin necesidad de usar agroquímicos. Lo anterior ocurre al cultivar diferentes tipos de plantas, ya que permiten la existencia de una amplia variedad de invertebrados del suelo”, resalta la investigadora.

El proyecto, que inició en 2009 y fue financiado por la Secretaría de Recursos Naturales y Protección Ambiental, surge debido a que los huertos familiares son sitios donde hay una gran riqueza del suelo. En total, el equipo científico trabajo en 50 huertos familiares ubicados en diferentes regiones fisiográficas del estado, la sierra, la costa, la planicie inundable, la planicie no inundable y los lomeríos.

“Durante el trabajo de campo me di cuenta que los huertos, cuyos propietarios tenían armonía familiar, se caracterizaban por una vegetación muy rica y debajo del suelo se encontró mayor diversidad de invertebrados. En cambio, en otros huertos observamos la ausencia de vegetación y organismos, así como la presencia de basura, lo que revela una desconexión de la gente con la naturaleza”, refiere la doctora Huerta Lwanga.

Un hallazgo relevante de este proyecto fue cuando la investigadora encontró una lombriz anécica, que en principio creía que se trataba de nueva especie, sin embargo, sólo fue un nuevo registro en Tabasco. “Tal organismo se caracteriza por sus movimientos verticales, con lo que crea túneles en esta dirección, ayudando a integrar la materia orgánica en el suelo, airearlo y formar su estructura”, apunta.

También se localizaron otras especies de lombrices, hormigas, termitas, ciempiés, escarabajos, chapulines, cucarachas y cochinillas, a los cuales se les puede denominar “ingenieros del ecosistema” (en especifico a las lombrices, termitas y a algunas hormigas), pues por sus actividades modifican el suelo, enriqueciendo su productividad.

De acuerdo con la investigadora, es importante aclarar que la presencia de tales organismos no significa que el huerto esté infestado de plagas. “Si uno deja que vivan ahí, se encargan de cumplir sus labores y, al mismo tiempo, de controlar las poblaciones debido a que la variedad de invertebrados genera cadenas alimenticias”.

El problema de las plagas, señala, se presenta cuando en las tierras se maneja un monocultivo, pues en estos casos sólo se tiene un tipo de organismos que rápidamente aumentan en cantidad y como nadie se los come se convierten en una amenaza para las plantaciones.

Los resultados de la investigación revelaron que la región de la costa fue la que tenía más basura, seguida de los lomeríos. “Asimismo, en la sierra encontramos vegetación y variedad de cultivos, elevada diversidad de invertebrados y una mayor biomasa de lombrices, la cual se calculó en más de 33 gramos por metro cuadrado”, subraya Huerta Lwanga.

Añade que dicha cantidad es importante, pues de acuerdo con estudios realizados previamente se estableció que si la biomasa es de 30 gramos se logran efectos directos que inducen la germinación y el crecimiento de las plantas.

Cabe destacar que este proyecto también incluyó educación ambiental, la cual fue impartida mediante mini-talleres y capacitación en la producción de lombri-composta.

“En Ecosur diseñamos una caja para hacer composta, la cual está provista en su interior de un pequeño molino y lombrices, donde se ponen los desechos frescos para que se procesen. Este dispositivo fue entregado a todos los propietarios de los huertos, pero sólo fue aceptado por el 47 por ciento”, puntualiza. (Agencia ID)
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